La iglesia de Valdesangil se quedó pequeña para rendir homenaje a Agustín Jiménez, párroco durante más de 60 años, en una emotiva ceremonia presidida por el obispo Ernesto Brotóns
La iglesia de Valdesangil se quedó pequeña para rendir homenaje a Agustín Jiménez, su párroco durante más de 60 años, en una emotiva ceremonia presidida por el obispo Ernesto Brotóns.
Valdesangil ha recordado este miércoles a quien fuera su párroco durante más de 60 años, Agustín Jiménez, conocido cariñosamente como don Agus, fallecido el pasado 25 de junio a los 90 años de edad en Plasencia.
El obispo de la Diócesis de Plasencia, don Ernesto Brotóns, acompañado por los sacerdotes de Béjar Roberto Hernández, Antonio Cabrera, Guillermo Gómez Ciurana, Hebrottie Edmond Fiacre, Bernabé Marcos y el padre teatino Pío Lana, así como por el párroco de Sorihuela, José Luis Martín, entre otros, presidió el funeral en memoria de don Agus.
La iglesia de Valdesangil, donde ejerció su ministerio durante más de seis décadas, se quedó pequeña para despedir a uno de sus vecinos más queridos e ilustres. Familiares, vecinos, amigos, compañeros y representantes institucionales quisieron darle el último adiós.
Entre los asistentes se encontraban el alcalde de Béjar, Antonio Cámara; el alcalde pedáneo de Valdesangil, José Francisco Fabián; la diputada provincial y alcaldesa de Sorihuela, Nieves García; la alcaldesa de Vallejera de Riofrío, Pilar Martín; varios concejales del Ayuntamiento de Béjar; el hasta hace unas semanas consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León, Gonzalo Santonja; representantes de distintos colectivos religiosos de la ciudad, de la Asociación Amigos de la Capa y del colegio Nuestra Señora del Castañar, entre otros. Sobre el altar presidía la celebración un retrato del sacerdote.
La homilía del obispo estuvo marcada por el agradecimiento y el reconocimiento a una vida entregada por completo al servicio de Dios y de los demás. Don Ernesto Brotóns recordó a don Agustín como un hombre cercano, humilde y profundamente comprometido con su vocación durante más de seis décadas de ministerio.
«En cada eucaristía, en cada visita a un enfermo, en cada palabra de consuelo en la catequesis, en esa conversación de amigo a amigo, con su cercanía y sencillez, nos ofrecía al Señor», afirmó el obispo, quien destacó que don Agustín entendía que «nada hay más hermoso que el encuentro con Jesús» y recordó que «fue sacerdote por amor. Fue amado incondicionalmente por Cristo, que lo llamó y lo eligió, y volcó su vida en amar al Señor y a sus hermanos».
Uno de los momentos más emotivos llegó al recordar que toda una vida de servicio permanece viva en la memoria de quienes compartieron con él algunos de los momentos más importantes de sus vidas. «Nada de su ministerio y de su entrega, en estos más de sesenta años, se pierde. Nada de cuanto sus labios y sus manos proclamaron y bendijeron en el nombre del Señor. A cuántos de los que estáis aquí habrá bautizado, casado… Nada de eso se pierde», expresó.
La homilía concluyó con un emotivo recuerdo al cariño que siempre recibió de los vecinos de Valdesangil. «Sé bien del cariño que teníais a San Agustín, vecino singular, sacerdote y amigo. Seguro que el arco de San Juanito dedicado por vuestros chicos le habrá tocado ya el corazón. Gracias de verdad por tanto cariño», concluyó don Ernesto Brotóns.




















