Tras la suspensión de 2024 por la lluvia, la procesión de El Silencio sale en una noche de recogimiento, luz y fe
La Semana Santa ha superado su ecuador con un ambiente frío y húmedo. La inestabilidad climatológica está condicionando el desarrollo de los actos religiosos en Béjar, donde el frío y la lluvia no animan a los fieles a salir a las calles ni a vivir con intensidad estas fechas tan señaladas.
La Hermandad de Jesús Nazareno no olvidaba que el año pasado la lluvia impidió su provesión. Por eso, este 2025 la esperanza se mezclaba con los nervios. Dos años son demasiado tiempo sin ver al Nazareno de las Monjas recorrer las calles, y esa espera se sentía en cada mirada, en cada suspiro, en el silencio contenido de los hermanos. Consultaban los móviles, escrutaban el cielo, miraban de reojo la puerta como quien implora que no caiga ni una gota más.
La eucaristía, presidida por Félix Pérez, tocaba a su fin. Se habían bendecido los hábitos y entregado los crucifijos a los nuevos hermanos. Solo quedaba abrir la puerta y enfrentarse a la incertidumbre del cielo.
La directiva dudó: la lluvia aún amenazaba con ser protagonista. Se decidió entonces esperar. Y, cuando el cielo concedió una tregua, el hermano mayor, Roberto, no lo dudó más. Ordenó abrir las puertas, y el Nazareno volvió a caminar.
Los rostros se iluminaron. En silencio absoluto, los hermanos salieron a la calle. La noche los envolvía con su manto oscuro, y los faroles y cirios encendidos tejían una estampa de recogimiento y emoción. Era una noche de luto, de lágrimas calladas, de dolor compartido.
Solo el arte rompió el silencio: el violín de Daniel de la Cruz, que sonó como una oración hecha música, y el cante profundo de Juancho Barrios, en la Plaza Mayor y al inicio de la procesión. En la plaza de la Piedad, fue la voz desgarrada de Rufina Rodríguez la que alzó el alma de los presentes.
El corazón de la procesión fue la Plaza Mayor. Allí, pese al frío y al temor a la lluvia, se congregaron fieles y vecinos. La Seráfica Hermandad, fiel a la tradición, ofreció al Nazareno un ramo de flores, como símbolo de devoción silenciosa.
Seis nuevos hermanos se suman este año a la Hermandad, aunque solo Emma Pérez-Batallón y Paqui Luiña pudieron acudir a la cita. Además, dos jóvenes recibieron los estatutos, gesto que marca su paso hacia la responsabilidad: podrán votar y ser elegidos para la directiva al alcanzar la mayoría de edad.
Una vez más, el Nazareno ha salido. Ha vencido a la lluvia, al tiempo y al miedo. Y con Él, Béjar ha vuelto a vivir su fe en la calle, entre faroles y silencio.
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