El obispo, Ernesto Brotóns, preside de la procesión más solemne de Béjar
Cientos de devotos aguardaban en las calles el paso del Santo Entierro, la procesión más solemne de la ciudad y la que más público congrega.
Este año, la procesión tenía un carácter especial, ya que el grupo escultórico El Calvario, obra del escultor bejarano González Macías, volvía a salir a la calle después de varios años sin hacerlo debido a su mal estado. Tras su restauración, a cargo de la restauradora Isabel Pantaleón y financiada por la Junta de Castilla y León y la propia cofradía, la talla ha recuperado su policromía original, en tonos verdosos y aceitunados, que había sido ocultada en intervenciones anteriores. La imagen volvió así a las calles, siendo admirada por los cientos de personas que disfrutaban del cortejo procesional.
Antes de su salida, el obispo de Plasencia, Ernesto Brotóns, fue el encargado de bendecir la imagen, tras lo cual se inició el recorrido.
La Vera Cruz volvía así a mostrar en las calles una de sus grandes joyas patrimoniales. Abría el cortejo el Huerto de los Olivos, seguido por La primera caída, El amarrao, El nazareno, El Calvario, El Santo Entierro y la Virgen de los Dolores. Entre ellos, se incorporaba también el paso infantil Instrumentos de Pasión, que salió por primera vez en 2022.
El acompañamiento musical corrió a cargo de la Banda de Tambores y Cornetas de la Cofradía y de la Banda Municipal de Música. Junto a ellas desfilaban las autoridades, con el alcalde, Antonio Cámara, a la cabeza, y la diputada, Nieves García, cerrando el cortejo. No faltó la voz de Rufina Rodríguez, que volvió a interpretar varias saetas.
A pesar de la multitud de personas que se agolpaban en cada rincón del recorrido para contemplar la procesión, el silencio era casi absoluto, reflejo del respeto que despierta una de las procesiones más antiguas de la ciudad y que, para muchos bejaranos, evoca el recuerdo de sus antepasados.











































