Al crepúsculo, entre dos luces, el convento de San Francisco parecía regresar a sus orígenes, al siglo XIV. Los hermanos de la Seráfica Hermandad, ataviados con su hábito franciscano, llenaban el claustro bajo del antiguo cenobio, concluido en 1599 e impulsado por los duques Francisco Diego López de Zúñiga y su esposa, María Andrea de Guzmán y Sotomayor, según explicó el investigador Óscar Rivadeneyra en una conferencia pronunciada hace unas semanas para la hermandad.
Como cada cuarto Viernes de Cuaresma, la Seráfica Hermandad recuerda sus orígenes con el ejercicio de las Cinco Llagas de Cristo, dirigido por el párroco Roberto Hernández.
Entre antorchas encendidas y al son de los tambores de la banda de la hermandad, el cortejo avanzaba por el claustro evocando las Cinco Llagas de Cristo, una oración que invita a los fieles a contemplar el dolor salvador de Jesús y a compartir sus sufrimientos para consolarle en su lento y angustioso camino hacia el Calvario.

































