La iglesia de San Juan de Béjar acogió, en la tarde del Jueves Santo, la imposición de crucifijos a los nuevos cofrades de la Vera Cruz y el tradicional intercambio de varas entre los abades.
Tras el lavatorio de los pies, llegó uno de los momentos más emotivos de la celebración: el relevo en la abadía. Juan Francisco García cedía el testigo a Aurora González Sierra. El párroco, Roberto Hernández, comenzó agradeciendo su labor: “Gracias por tu año como abad, lo has hecho maravillosamente, pero todo termina. Dejas de ser abad, pero nunca dejarás de ser cofrade, un cofrade muy querido por la Vera Cruz. Gracias por estar y por ser”.
En cuanto a la nueva abadesa, el párroco destacó “tu conocida y abundante generosidad, siempre y para todo. Disponible siempre. Siempre es sí. A Aurora, lo que le pidas, siempre será sí, y así ha sido”. Además, subrayó que “ella sabe lo que significa ser abad de tan antigua e ilustre cofradía. Cuando se lo propuse, lo primero que me dijo fue: ‘eso es mucho’. Le parecía más importante ser abad que ser pregonera, lo que demuestra su humildad y su sencillez”.
Además, once nuevos cofrades de la Vera Cruz recibieron el crucifijo de manos del párroco y del presidente de la hermandad, Roberto Manini.





















