La procesión tuvo que acortar su recorrido y regresar al templo debido a la lluvia
Decía Madre Matilde, que este año se conmemora el 150 aniversario de la fundación de su congregación: ‘Ser toda nuestra vida un acto de amor’. Y es en este acto de amor donde se encuentra el alma del Jueves Santo: un día para celebrar la fraternidad, la humildad y el compromiso con los valores que nos unen como seres humanos, en un abrazo profundo y eterno.
La hermandad de Jesús Nazareno, en esta noche de Jueves Santo, ha seguido el deseo de Cristo en la Última Cena, ese mandamiento tan simple y a la vez tan trascendental: ‘Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.’ (Juan 13:34).
Y eso es lo que han hecho los hermanos, en una noche marcada por difíciles decisiones y de anhelos rotos La lluvia, como en otras ocasiones, hizo su aparición minutos antes de la salida de la procesión de Las Angustias, y el hermano mayor, Roberto Hernández, anunciaba que se esperaría para ver cómo evolucionaba la situación.
Finalmente, la lluvia dio una tregua, o al menos eso parecía, y la junta, con el corazón lleno de valentía, decidió salir a la calle. Una decisión no exenta de riesgos, como ellos mismos reconocieron, al tratarse de una situación especialmente delicada: la talla, restaurada hace apenas unos años, es extremadamente sensible a la humedad, y cualquier exposición al agua comprometería seriamente su conservación.
Las predicciones meteorológicas consultadas en ese momento no apuntaban que lloviera y animó a dar el paso de formar la procesión.
Pero antes de llegar a la Plaza Mayor, a tan solo 300 metros de la iglesia de Santa María, la lluvia regresó. Y en ese instante, la decisión fue clara: regresar al templo, proteger la imagen. Se vivió entonces uno de los momentos más espectaculares de la noche, los hermanos de carga procedieron a dar la vuelta en el cruce con la calle Padre Roca y regresar de inmediato a la iglesia. La banda de tambores marcó el ritmo de los costaleros y Las Angustias regresó a su casa en menos de 4 minutos. Fue un esfuerzo titánico, un acto de sacrificio y de fe. Casi sin aliento, lograron poner a salvo la venerada imagen de Las Angustias.
En ese momento, las lágrimas brotaron de los ojos de muchos hermanos, que se cuestionaban si la decisión tomada había sido la correcta. Pero entonces, las enseñanzas de Jesús a sus discípulos se convertían en un mandamiento vivo en la iglesia de Santa María la Mayor: ‘Amaros unos a otros, como yo os he amado’. Los abrazos, los besos, las palabras de aliento llenaron el aire, y las lágrimas se transformaron en amor. Un amor puro, fraterno, que trasciende la tristeza y abraza el consuelo, porque el amor mutuo entre los creyentes es el reflejo del vínculo con Él; y, sobre todo, de la obediencia a la voluntad de Dios. Porque Él quiso que así fuera.
La procesión contó con la presencia de parte de la Corporación municipal, presidida por el alcalde, Luis Francisco Martín, representantes de la cofradía de la Santa Vera Cruz, de la Seráfica Hermandad del Divino Salvador y de la Santa Vera Cruz de Ledrada.
La procesión estuvo presidida por el párroco Antonio Muñoz.
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