El muralista, Daniel Martín, destaca la complejidad técnica de la obra, realizada con una estética inspirada en el claroscuro barroco y concebida como un homenaje a las trabajadoras de la industria textil
El mural dedicado al patrimonio textil de Béjar, inaugurado este jueves en la ciudad, ha supuesto uno de los trabajos más complejos de la trayectoria de su autor, Daniel Martín. La intervención requirió dos semanas y dos días de trabajo, además de una intensa labor previa de restauración del soporte para garantizar la durabilidad de la obra, según explicó a este periódico.
El artista aseguró que los primeros tres días se dedicaron exclusivamente a acondicionar la pared sobre el que pintaría el mural, en la plaza de Nicomedes Martín Mateos. Para ello, limpió completamente la superficie con una hidrolimpiadora, aplicó productos fijadores y varias capas de pintura de alta calidad antes de comenzar el diseño definitivo.

Un diseño complejo por la irregularidad del muro
Según detalló el muralista, la principal dificultad fue adaptar el dibujo a una pared con numerosas irregularidades. «La pared es irregular y ha sido complicado encajar el diseño», señaló. A ello se sumó el trabajo en altura, que obligó a subir y bajar continuamente para corregir proporciones y ajustar cada uno de los elementos representados.
La composición se basa en la técnica del claroscuro, inspirada en «la pintura barroca», con el objetivo de conseguir fuertes contrastes entre luces y sombras y aportar volumen a las máquinas textiles, la zurcidora y el resto de elementos industriales que aparecen en la escena.
Materiales para garantizar la durabilidad
Para la ejecución de la obra se empleó una emulsión fijadora y pintura de revestimiento de alta calidad, además de un esmalte específico para consolidar la parte superior del muro, que presentaba un importante deterioro.
Posteriormente, el mural fue realizado con alrededor de 100 espráis de distintos colores, mientras que en la fase de preparación se utilizaron aproximadamente 70 kilos de pintura.
El autor explicó que no suele aplicar barnices antigrafiti, ya que considera que la protección más importante se consigue mediante una buena preparación de la superficie y materiales de calidad.
Un homenaje a las mujeres del textil
El artista quiso situar en el centro de la composición la figura de una mujer trabajadora como símbolo de reconocimiento a quienes desempeñaron las tareas más duras y menos valoradas dentro de la industria textil.
«He querido buscar la figura de la última pieza de la industria, que es una mujer, seguramente la que peores condiciones tendría de trabajo, más horas y menos remunerada en su tiempo«, explicó. Con esta elección pretende dar visibilidad y dignificar el trabajo de todas las personas que hicieron posible el desarrollo de la industria bejarana.
Uno de los trabajos más exigentes de su carrera
Martín aseguró que aunque ha realizado murales de mayores dimensiones, como el del pabellón de Guijuelo, eesta intervención figura entre las más complejas de su trayectoria.
En dificultad técnica y laboriosidad la sitúa al mismo nivel que el mural dedicado a la Batalla de Arapiles, debido a la complejidad del diseño, la importancia del emplazamiento y el elevado nivel de detalle que requería.





