La Banda Municipal de Música le rindió tributo con un repertorio lleno de significado y el estreno de un pasodoble que lleva su nombre y de una obra de Víctor Grande
El Teatro Cervantes se quedó pequeño para albergar el homenaje al que fuera director de la Banda Municipal de Música, Lorenzo Torrico, con motivo del primer aniversario de su fallecimiento.
Más de 40 músicos llenaron las tablas del teatro. Muchos de ellos, tras años sin tocar y ya retirados de la música, decidieron regresar a la Banda para rendir homenaje al maestro. El repertorio, cuidadosamente seleccionado para la ocasión, fue dirigido por Hilario J. Ceballos, quien se despidió este sábado como director de la formación. La primera pieza interpretada fue el Lacrimosa del Réquiem de Mozart.
Al finalizar esta primera obra, uno de los músicos, Pedro Javier Cañones, recordó que Lorenzo Torrico se inició en la música de la mano de su padre —también llamado Lorenzo Torrico—, quien fue subdirector de la Banda durante muchos años y falleció hace apenas un mes atrás. El homenajeado ingresó en la Banda siendo adolescente y continuó su formación en los conservatorios de Salamanca, Valladolid y Madrid. Es probable que, en aquellos primeros años, ya interpretase una de las piezas del repertorio de este sábado: La Torre del Oro, de Gerónimo Giménez, obra que solía incluir casi todos los años en los conciertos de temporada y que tenía para él un valor especial.
Cuando Lorenzo Torrico asumió la dirección de la Banda, esta “estaba en franca decadencia y apenas contaba con 15 músicos”. Su carisma fue clave para atraer a nuevos intérpretes de todas las edades y niveles. Bajo su batuta, la Banda amplió su repertorio con obras para gran orquesta. En recuerdo de esa etapa, los músicos interpretaron el preludio de la zarzuela La boda de Luis Alonso.
Estreno de ‘Inspiración’
Además de dirigir la Banda Municipal de Música, Torrico compaginó su labor con la dirección de la Escuela de Música José de Lidón y de la Coral de Hervás, y fue fundador del coro de cámara Terpíscore, entre otros proyectos. Como señaló Cañones, “quien más y quien menos” le propuso interpretar alguna obra, y “casi nunca las rechazó”. Algunas de sus anécdotas en el aula de música sirvieron de presentación para Inspiración, una pieza compuesta por el joven músico Víctor Grande —subdirector de la Banda tras el fallecimiento de Torrico—, quien quiso reflejar en la partitura la acogida, afabilidad y cercanía que el maestro le brindó y que le inspiraron a continuar sus estudios en el conservatorio.
El repertorio continuó con Gallito Swinging, de Hilario Ceballos. Según explicó Cañones, se trata de una fusión entre el pasodoble y el jazz. A partir del clásico Gallito, Ceballos reelabora la melodía en clave de swing, con improvisaciones de varios solistas de la Banda: Pablo Cañones, Pablo Recuero, Alberto García y el propio Hilario Ceballos.
Estaba previsto que el concierto finalizara con la interpretación del coral final de la Cantata 147 de Bach. Para Lorenzo, esta composición “era emblemática de todos los tiempos”, según recordó Cañones. La Banda, cumpliendo su deseo, la interpretó también en su funeral.
Pasodoble ‘Lorenzo Torrico’
Sin embargo, la velada concluyó con una sorpresa para el público: el estreno del pasodoble Lorenzo Torrico, compuesto por Hilario Ceballos como homenaje al maestro. Fue su última intervención como director, antes de ceder el testigo a Pablo Recuero, quien le hizo entrega de una placa conmemorativa. También se agradeció a Víctor Grande su labor y entrega como subdirector durante estos meses.
Los músicos se despidieron entre lágrimas de su director mientras el público, en pie, tributaba a Lorenzo Torrico un sentido homenaje, animando a la Banda a continuar el gran legado que les dejó.
Su hija, Lucía Torrico, cerró el acto con palabras de gratitud: “Durante muchos años habéis sido su familia, y desde donde esté, estará muy orgulloso de que sigáis haciendo lo que más amaba”.

























