La asociación vecinal nombra el «Caño de las Panaderas» y descubre un mural en recuerdo de la familia de la panadería Rufino
El barrio de San Juan vivió el domingo por la mañana uno de los momentos más emotivos de su historia reciente, de esa intrahistoria que rezuman sus calles, sus casas y sus gentes.
Hace 101 años, en 1925, se vivió otro ejercicio de reconocimiento y generosidad hacia los suyos. La colonia de bejaranos en Argentina quiso entonces rendir homenaje a uno de sus convecinos, quizá en aquel momento el más ilustre. El escultor Mateo Hernández triunfaba en París y desearon que su nombre quedara para siempre ligado a su ciudad. Por ello pidieron al Ayuntamiento de Béjar que le dedicara una calle. El Consistorio concedió el deseo a aquellos bejaranos que tuvieron que emigrar en busca de una vida mejor y decidió dedicar al artista la que hasta entonces se llamaba calle Boteros. La placa, costeada por los bejaranos en Argentina, todavía se conserva en la vía.
Cien años después, el barrio de San Juan volvió a celebrar otro acto colectivo de agradecimiento, mostrando su cariño a una familia de toda la vida del barrio: las panaderas de San Juan. Fueron sus padres, Dorotea y Rufino, quienes comenzaron a desarrollar su labor como panaderos en el barrio, hace al menos un siglo. Después tomaron el relevo sus hijos: Rufino, Rosa, Sinda, Manuela y Lola. Su labor trascendía más allá de la panadería. «Era una gran familia, muy generosa, muy buenas personas; quitaron mucha hambre en Béjar y ayudaron a muchas personas que lo estaban pasando mal», señalaba una vecina.
Desde este domingo, las panaderas de San Juan serán eternas en Béjar. La asociación de vecinos del barrio de San Juan les tributó un sencillo pero muy emotivo homenaje, nombrando al caño de la calle Miguel de Unamuno como «Caño de las Panaderas» y descubriendo un mural —diseñado por Tía Antonia— en homenaje a Sinda, Rosa y Lola.
Esther Calvo, miembro de la asociación, explicaba que se trata de «un reconocimiento a quienes levantan la persiana cada mañana y a quienes deciden apoyar lo cercano; a todas las personas que, detrás de un mostrador o al cruzar la puerta para comprar, mantienen vivas las relaciones que se tejen paseo a paseo, tienda a tienda».
Lola, la única superviviente de la familia, estuvo presente en el homenaje y agradeció, muy emocionada, el reconocimiento. Recordó a Sinda (fallecida en 2022), a Rosa (2020), a Rufino (1985) y a muchos empleados que pasaron por la panadería: Felipe, Manolo, Antonio, Vicente, Pedro y Catalino, entre otros. «En cada gota de agua que brote de este caño estarán presentes», afirmaba.
También destacó la vocación de servicio de su familia, siempre dispuesta a ayudar a quienes lo necesitaban: «Yo decía que el que entraba por la puerta de la panadería, si era malo, se santificaba».
El grupo Mora y Majuelo les dedicó a la familia varias canciones.
Más info: en el periódico Béjar en Madrid, que saldrá publicado el 27 de marzo. Encuéntralo en el kiosco o suscríbete por 5 euros al mes























