Dos disparos al aire de Domingo Guijo darían el aviso de que la batalla acababa de comenzar en Béjar. Los bejaranos ponían fin así a varios días de intensos preparativos. El polaco José Fronsky se encargó de la organización de la defensa, el francés Víctor Gorzo confeccionaría los míticos cuatro cañones y el resto de la junta revolucionaria terminaban las tareas de movilización.
Varias horas de lucha, desde las 9 de la mañana hasta pasadas las 5 de la tarde, dieron como resultado un hecho histórico que marcaría a Béjar a lo largo de su historia y por el que pasaría a la historia de España para siempre.
156 años después los bejaranos volvieron a recorrer los puntos de la batalla de La Gloriosa en Béjar, conociendo donde se colocaron las barricadas, los cañones que el herrero francés Víctor Gorzo fabricó en la fundición de Isidro Crego- situada en un edificio de grandes dimensiones que ocupa actualmente el supermercado Lupa-, o algunas de las viviendas donde fallecieron varios bejaranos.
Los guías del paseo histórico, el periodista Ignacio Coll y la historiadora Carmen Cascón, explicaron a los asistentes la intrahistoria de esta gesta histórica, el contexto histórico de España y muchas anécdotas desconocidas para muchos bejaranos. Béjar, comentaban los promotores de esta ruta, vivía en esos momentos una época dorada, protagonizada por grandes hombres como el filósofo Nicomedes Martín Mateos o el revolucionario y político Aniano Gómez, con un gran crecimiento industrial y un importante desarrollo social y cultural. Prueba de ello, decía Coll, es que en esos momentos la población de extranjeros en Béjar era muy importante, a diferencia de otras ciudades similares a Béjar. La población era de 12.000 habitantes, similar a Salamanca.

La ruta partió de Campopardo, de la plaza del Ahorro. Coll explicó que en esta zona se instaló una de las barricadas que pretendía parar la entrada de las tropas isabelinas a Béjar, formada por más de 1.500 efectivos armados. Es la zona más alta de Béjar y, por lo tanto, la mejor para otear la entrada de los militares, cuyo puesto de mando estaba situado en el actual cementerio. Estos datos se desprenden de las fotos que tomó Juan Cambón, reportero de guerra establecido en Béjar en esos momentos. En ellas se pueden ver las barricadas y la entonces Puerta de Ávila.
Continuó la marcha por la Puerta de la Villa y por La Corredera, el barrio extramuros en el que murieron todas las víctimas. Según el expediente policial, fueron unas 30, aunque los expertos en la revolución calculan que fueron unos 50. Muchos de los vecinos del barrio abandonaron Béjar y marcharon a pueblos cercanos, pero algunos se quedaron y murieron en manos de las tropas militares. Respetaron, decía Ignacio Coll, a niños y mujeres.
En la calle Libertad tuvo lugar uno de los momentos más sorprendentes de la ruta: la visita a dos inmuebles de esa calle que sufrieron hace más de 150 años el asalto de los militares del Gobierno, liderados por el general Nanetti. Primeramente, Coll y Cascón explicaron la historia de Isidro, el apartadero, un buen hombre al que la revolución lo pilló en la cama, enfermo, y que fue asesinado a ballonetazos. Vivía en la casa de Ventura García. Este espacio para sorpresa de los visitantes se conserva casi tal cual como estaba en 1868. Una auténtica cápsula del tiempo.
Después se accedió a la casa de José María del Pollo, un militar retirado, que consiguió salvar a su familia al vestirse de uniforme, aunque sufrió el expolio y robo de sus condecoraciones.
Los militares, en su retirada, intentaron vender las joyas y artículos robados en las casas asaltadas del barrio de La Corredera y como gesto a destacar, los alcaldes de los municipios pidieron a los que compraron esas cosas que las devolvieran a sus dueños.
La visita, que se apoyó en imágenes y varios mapas, terminó tras dos horas, que se hicieron cortas, en el Puente Viejo, el lugar por donde los militares accedieron a la calle Libertad.
Así se revivió la gesta histórica de unos bejaranos unidos ante las adversidades para parar el acceso de las tropas isabelinas a la ciudad. Una hazaña, a pesar de su importancia, poco conocida.

















