El silencio, la música y el frío marcan una de las noches más emotivas de la Semana Santa
La Semana Santa de Béjar ha superado su ecuador tras varios días marcados por el viento y las frías noches, un tiempo que ha dejado un ambiente desapacible en las procesiones anteriores. Sin embargo, la noche de este Miércoles Santo en Béjar ha ofrecido una leve mejoría respecto a las anteriores, dando un respiro a cofrades y fieles.
El Miércoles Santo es sinónimo en Béjar del Nazareno de las Monjas, como popularmente se le conoce. Es sinónimo de luto, recogimiento y silencio.
La eucaristía, presidida por Antonio María Cabrera, dio comienzo a los actos programados, para a continuación dar la bienvenida a los nuevos hermanos. Solo quedaba abrir la puerta y que diera inicio la procesión del Silencio de la Hermandad de Jesús Nazareno.
Sin romper el silencio, los hermanos avanzaron hacia la Plaza Mayor de Béjar. La oscuridad de la noche arropaba cada paso, mientras la tenue luz de los cirios dibujaba una estampa íntima y solemne. Era una noche de pena callada, de emoción profunda y de dolor compartido.
El silencio solo se rindió ante el arte: el violín de Daniel de la Cruz, que susurraba como una plegaria. En la plaza de la Piedad, la voz rota de Rufina Rodríguez alzó el alma de quienes escuchaban.
El corazón de la procesión volvió a latir en la Plaza Mayor. Allí se congregaron fieles y vecinos. La Seráfica Hermandad, fiel a la tradición, ofreció al Nazareno un ramo de flores, símbolo de una devoción que resiste incluso a la incertidumbre del tiempo.
En la plaza de la Piedad tuvo lugar una estación de penitencia antes de regresar de nuevo a Santa María la Mayor.


























