La Seráfica Hermandad recorrió el casco histórico con sobriedad y emoción en una tarde fría y marcada por el fuerte viento, que impidió prender los hachones durante buena parte del recorrido.
La noche del Domingo de Ramos se llenó de recogimiento y fervor con la salida procesional de la Seráfica Hermandad del Divino Salvador en su Pasión, que transitó por las calles del casco antiguo con la solemnidad que la caracteriza.
La imagen del Divino Salvador avanzaba bajo la tenue luz de cuatro grandes velones, que iluminaban su rostro mientras el viento agitaba sus túnicas. Los hermanos de carga, con paso firme y acompasado, lo portaban al son de la banda de tambores.

Rememorando el tránsito de Jesús hacia el huerto de Getsemaní, donde sería arrestado, la procesión partió desde la iglesia de El Salvador con destino a Santa María, donde se celebró la estación de penitencia.
Ya en la iglesia de Santa María la Mayor, tuvo lugar la Estación de Penitencia, en la que el párroco, Roberto Hernández, se dirigió a los hermanos para recordar la necesidad de volver a los orígenes, de recuperar el espíritu franciscano y de vivir la entrega a Dios desde la humildad.
Durante el recorrido, la hermandad estuvo acompañada por miembros de la Vera Cruz, la Hermandad de Jesús Nazarena y los Amigos de la Capa. De regreso en El Salvador, la Hermana Mayor, María Jesús de Santa Martina, dedicó unas palabras de agradecimiento a los presentes.
Tres concejales del PP acompañaron a los hermanos en su día grande.



























