Candelario se rindió ayer a Guillermo Ramos, el pregonero de las fiestas de Santa Ana que hizo vibrar a un público entregado desde el inicio y que presumió de pueblo en un pregón marcado por el buen humor, la emoción y la humildad.
El joven deportista candelariense logró congregar en la plaza de El Solano a decenas de personas en el inicio de las fiestas de Santa Ana. La alcaldesa, Elvira Fernández, después de agradecer a Ramos su labor como embajador de Candelario, llevando el nombre de su pueblo allá donde va a competir, le paso la palabra al pregonero.
Decía Guillermo Ramos que ser de Candelario le vino impuesto y que su vida no hubiera sido la misma si hubiera nacido en Vitoria, en Madrid o en Salamanca. “No me he podido ni confundir ni acertar con haber nacido en Candelario, sin embargo, cuando echo la mirada atrás pienso que he tenido mucha de haber nacido en un pueblo como este. Si hoy en día trabajo en la Agenda Estatal de Meteorología es porque desde bien pequeño me gusta la nieve y si no hubiera nacido en un pueblo de montaña, seguramente hubiera tirado por otros derroteros”, decía.
Aseguró que su gran pasión, correr por la montaña, también se lo debe a Candelario: “si mis padres no me hubieran llevado por los depósitos a coger campanitas o profesores como don Agustín no nos hubiera llevado a la montaña, hoy sería feliz con lo que soy. Nacer en Candelario ha sido un premio para mí”.
Entre aplausos, Guillermo Ramos animaba a los asistentes a presumir de Candelario y a “vender” su pueblo porque “no tiene nada que vender al resto. Tenemos un pueblo único”.
Pero Ramos tenía una sorpresa guardada para el final de pregón, cuando pidió, con mucha emoción, a su novia matrimonio delante de sus vecinos. Entre lágrimas y sonrisas, la novia, Maribel, dijo sí.




























