La procesión del Corpus Christi recorre las alfombras y altares de Béjar en una jornada marcada por la devoción, los Hombres de Musgo y la ausencia de la Banda Municipal de Música
Béjar olía a tomillo desde primera hora de la mañana y los tapices y alfombras vestían de fiesta las calles en la celebración más importante de la ciudad: el Corpus Christi, Fiesta de Interés Turístico Internacional.
La mañana acompañaba en lo climatológico, dando ventaja a los Hombres de Musgo y animándolos a enfundarse sus vestiduras para salir a conquistar Béjar. Apenas se registraban 20 grados y una suave brisa hacía más llevadera la jornada.
Cerca de las 10:30 horas, los voluntarios Mario Sánchez, Cristian Sánchez, Roberto Martín, Mariano García, Alberto García y Jaime García estaban preparados para enfrentarse a la dura caminata que les esperaba.
Tras la tradicional foto de familia junto a los sastres: Alejandro Romero, su hijo Raúl Romero, su sobrino Sergio Villarroel y Julián García, los Hombres de Musgo salían del claustro del convento de San Francisco para dar inicio a la procesión.
En la Plaza Mayor aguardaban las autoridades para formar el cortejo e iniciar el recorrido hasta la iglesia de Santa María la Mayor. Deslucido quedó este inicio de la procesión, ya que se echó de menos a la Banda Municipal de Música, que tradicionalmente interpretaba el Himno Nacional en este momento, aportando solemnidad y respeto a una tradición centenaria. La misma Banda, además, acompañó el año pasado a los Hombres de Musgo desde el convento de San Francisco hasta la Plaza Mayor.
La Corporación municipal, encabezada por el alcalde, Antonio Cámara; la subdelegada del Gobierno, Rosa López; y el procurador en las Cortes de Castilla y León, Raúl Hernández, iniciaba el recorrido para esperar al Santísimo en Rodríguez Vidal. Más tarde se incorporó el consejero de Cultura, Gonzalo Santonja. La concejala de Cultura, Ana Peralejo, portaba la bandera de España custodiada por los Hombres de Musgo. Cabe destacar la presencia de únicamente tres de los siete concejales del Partido Socialista, así como la ausencia del edil Javier Garrido.
Mientras tanto, en la iglesia de Santa María la Mayor, Roberto Hernández oficiaba la eucaristía, mientras que Antonio María Cabrera hacía lo propio en la capilla de los Salesianos. Era la primera vez que ambas celebraciones se desarrollaban bajo el paraguas de la Unidad Pastoral creada hace unos meses.
Pasadas las 11:15 horas, Roberto Hernández, bajo palio, portaba el Santísimo para depositarlo en la Custodia, iniciándose así la procesión.
La primera parada tuvo lugar en el altar de la Seráfica Hermandad, avanzando así en el reencuentro de Dios con su pueblo y dejando una impresionante estampa contemplada desde los balcones de los soportales de la Plaza Mayor. La larga comitiva, abierta por un grupo de paraguayos y argentinos ataviados con sus trajes regionales y cerrada por la banda de tambores y cornetas de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, avanzaba hacia San Gil, donde una alfombra de elementos naturales elaborada por la Hermandad de Jesús Nazareno adornaba el recorrido.
Antes, en la plaza de la Piedad, otro tapiz realizado por un grupo de amigos embellecía la calle. En el Caño Comendador, la comunidad salesiana había confeccionado una alfombra y las antiguas alumnas habían levantado un altar, mientras que en la plazuela de Gómez-Rodulfo la Coral ponía la nota musical.
El Santísimo se abría paso por la calle Mayor. Al llegar a la sede de Aurora Calvo, el padre Guillermo, vicepostulador de la causa de beatificación, rezó ante el Señor y se incorporó al cortejo.
Desde allí, la procesión avanzó hasta la Puerta de la Villa. Por segundo año consecutivo, el recorrido tomó la calle Miguel de Unamuno para llegar a San Juan, donde una gran alfombra coronada por una puerta de muralla, en alusión a la Reconquista bejarana, y con motivos que incluían el escudo papal, a San Francisco de Asís y a la Virgen del Castañar, recibía al Santísimo, que fue reverenciado por los miembros de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.
El recorrido continuó por la calle Mateo Hernández hasta llegar a Olleros y desfilar sobre la alfombra de Cáritas para alcanzar el altar del colegio Nuestra Señora del Castañar, situado en la plaza de la Piedad. Desde allí, la procesión prosiguió por la calle Las Armas hasta regresar, cerca de dos horas después, a la Plaza Mayor.
Los niños que este año habían recibido la Primera Comunión ocupaban unas sillas junto a las escaleras de El Salvador, mientras los abanderados rendían sus enseñas ante el Santísimo. El concejal Luis Francisco Martín fue el encargado de rendir la bandera de España, acompañado por dos Hombres de Musgo.
El Himno Nacional puso el broche final a las celebraciones del día grande del Corpus Christi, en las que no faltó la representación de los capistas, así como de autoridades civiles, religiosas, militares y políticas. Sí se notó, y mucho, la ausencia de la Banda Municipal de Música, cuya falta restó solemnidad a la procesión.






































































































































