La Patrona volvió a recorrer El Castañar arropada por cientos de devotos, entre repiques de campanas, vivas y emoción.
Después de unas vísperas con lluvia y temperaturas bajas, los fieles miraban con recelo al cielo en busca de sol que permitiera a la Virgen del Castañar, patrona de Béjar, salir en procesión.
Finalmente, el sol se asomó para acompañar a la Virgen del Castañar en su festividad y tiñó de azul un cielo despejado, permitiendo a los fieles seguir a su Patrona en una jornada de temperaturas suaves, agradecidas por todos los presentes.
El Castañar presentaba ya desde primera hora una agradable algarabía. Los puestos de almendras garrapiñadas —recordando los viejos tiempos en los que no comprar este manjar en las fiestas era casi un pecado—, las peñas con su indumentaria y sus banderas, los padres con sus hijos a ‘caballito’, los fieles que aguardaban el inicio de la procesión reponiendo fuerzas en los establecimientos del paraje, como en Casa Senén, el más clásico de todo El Castañar… Todo rezumaba fiesta y alegría, ilusión y ansias por ver de nuevo pasear a la Señora bajo el palio de los viejos castaños, con sus erizos nuevos como promesa de futuro.
Y así pasaban los minutos hasta que el alegre repiqueteo de las campanas anunció la salida de la Virgen de su morada para situarse en la plaza de los Tilos, donde, desde hace años, se celebra en este día la Eucaristía. La Patrona, con su vestido azul celeste bordado en oro —donado por los fabricantes textiles de Béjar—, salió a la puerta del templo entre aplausos y alabanzas, portada por devotos hasta el altar de la plaza de los Tilos. Mientras tanto, las autoridades se dirigían a sus bancos, y el abad, Eduardo Soria, junto al viceabad, José María Vicente de Manuel, empuñaban las varas de plata de sus cargos.
En esta ocasión, el padre Salvador Rodea, Prepósito General de la Orden de los Teatinos, desplazado desde Roma para celebrar la Virgen junto a los padres de la comunidad y los devotos de la Virgen del Castañar, fue el encargado de presidir la Eucaristía. Concelebraron también el padre Pío, de la misma orden, y el párroco de San Juan, Roberto Hernández. Además, más de una decena de sacerdotes acompañaban a la Patrona en su día grande.
Al finalizar la Eucaristía, cantada por la Coral de Béjar, llegó el momento más esperado de la jornada: la procesión. Los primeros en portar las andas fueron miembros de la Corporación municipal, que luego pasaron el testigo a los fieles. Estos avanzaban precedidos por las peñas, los estandartes y las autoridades de la cofradía, hasta el mirador de los Rodeos.
Cientos de personas se agolpaban en el recorrido para lanzar sus «¡Vivas!» a la Virgen, aplaudirla y proclamar su belleza con el clásico «¡Guapa, guapa y guapa!». La emoción se reflejaba en los ojos de los devotos, muchos de ellos bejaranos ausentes que cada año reservan el día 8 para no perder la oportunidad de acercarse a su Patrona y manifestarle amor y cariño. Más aún este año, que al coincidir en domingo, permitió a muchos aprovechar el fin de semana para regresar a Béjar y compartir unos días con sus familias.
Ya en el mirador de los Rodeos, llegó uno de los momentos más emotivos de la jornada festiva, cuando el abad, Eduardo Soria, acompañado por el viceabad, José María Vicente, tomó la palabra para pronunciar un breve, pero muy sentido, discurso.
Tras esas palabras, las peñas fueron las encargadas de devolver a la Virgen a su trono, poniendo fin a un momento de gran emoción.
Entre las autoridades presentes, el consejero de Cultura, Deporte y Turismo, Gonzalo Santonja, el alcalde, Antonio Cámara, el director general de Deportes, Enrique Sánchez Guijo, la Diputada, NIeves García, varios concejales del equipo de Gobierno y de la oposición y la aguedesa, Laura Sánchez.




































































