Este jardín, único en España, combina naturaleza, arte y arquitectura, ofreciendo a los visitantes un espacio para descubrir el pasado del siglo XVI, a través de las visitas guiadas que ofrece el Ayuntamiento
Desde mediados del siglo XVI, Béjar tiene integrado en su patrimonio El Bosque, un antiguo coto de caza que el duque Francisco de Zúñiga y Sotomayor, el cuarto de la dinastía, ordenó convertir en una moderna y espléndida villa de recreo, inspirándose en las fincas renacentistas italianas.
Ubicado al este de Béjar, ocupa más de 30 hectáreas y su rara singularidad lo convierte en uno de los mejores jardines históricos europeos. Es uno de los escasos, casi únicos, ejemplos de villa suburbana del Renacimiento y lo que lo distingue es que, 400 años después, conserva su esencia y permanece casi inalterado en su configuración original y genuina. Es, además, uno de los pocos jardines renacentistas que se conservan en España.

Junto con la estación de esquí La Covatilla, la plaza de toros más antigua del mundo, la Sierra de Béjar, el paseo de las murallas, la gastronomía bejarana y los diferentes museos que alberga Béjar, el jardín de El Bosque se erige como una de las principales opciones de visita de la ciudad textil, con visitas guiadas de miércoles a domingo organizadas por el Ayuntamiento.
El jardín, enclavado en un pequeño valle, incluye una alameda, terrazas ajardinadas, prados, árboles centenarios, fuentes y estanques. El diseño original de la villa de recreo se divide en tres terrazas: la primera, la alameda, se dedicó a la huerta, con árboles frutales intercalados con cultivos hortícolas; la segunda, al jardín ornamental, que fue rediseñado en el siglo XIX al gusto del romanticismo, con grandes coníferas, entre las que destaca una imponente secuoya; y la tercera incluye un gran estanque, la joya del jardín, varias fuentes y la exedra. Rodeando las terrazas, se distribuyeron los prados.
Este diseño original se mantiene en la actualidad y continúa cumpliendo la función para la que fue concebido, puesto que, cuatrocientos años después, sigue siendo una villa de recreo y de disfrute para todos los que deciden acceder por la puerta de Las Justas a esta joya renacentista, retrocediendo en el tiempo cuatro siglos y conociendo los entresijos de la finca.
El agua, protagonista de la villa
El agua es, sin duda, la esencia de la villa, tanto en su uso para el riego como para el ornamento. El jardín se dotó de un complejo sistema hidráulico, que permitía y permite hacer acopio del agua de la finca a través de lo que se conoce como regadera de la Garganta del Oso, que abastece tanto al estanque principal, por el que antaño navegaban pequeñas barquillas, como a las fuentes y a los diferentes juegos de agua, tan del gusto de los nobles de la época.
La Fuente de la Sábana, construida en 1705, constituye una de las joyas de El Bosque y uno de los principales atractivos para visitar la finca ducal. Tiene un total de 11 puntos de emanación, junto con una lámina de agua en forma de cortina o sábana en su parte frontal. A esta fontana se suman la de los Ocho Caños, que data de finales del siglo XVI y que está situada junto al estanque, y la de la Plaza de la Rotonda, las cuales funcionan por gravedad.

La Fuente del Paraguas es otro de los iconos del jardín. Fue víctima de un acto vandálico hace unos 8 años y quedó totalmente destruida. El Gobierno regional encargó su restauración, que se puede observar en el interior del palacete, y la creación de una copia para colocarla en su ubicación original sin peligro. La restauración fue presentada hace un año por el consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Gonzalo Santonja.
El visitante se verá sorprendido por el palacete de los Duques, el edificio principal del conjunto edificado junto a la Casa del Bosquero, las caballerizas y la capilla.
La casa señorial se ha convertido, tras su restauración, en un espacio cultural que acoge a lo largo del año diferentes actos y eventos, así como exposiciones y talleres. Data de 1583 y su fachada esconde una de las historias más curiosas de la finca. En la fachada sur, la situada junto al estanque, el visitante podrá observar tres motivos heráldicos: el de la familia Zúñiga, el de la familia Sotomayor y las iniciales F.G. (alusivas a los duques Francisco de Zúñiga y Sotomayor y su primera esposa Guiomar de Mendoza y Aragón). Sin embargo, este es el resultado de una manipulación del texto original, ya que el hijo de Francisco cambió el nombre de Brianda Sarmiento, segunda esposa de su padre, por el de su madre, Guiomar.
La singularidad de la villa ducal le permitió ser declarado en 1946 como ‘Jardín Histórico’, y en 1982, el Ministerio de Cultura lo inscribió como ‘Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español’. Ambos reconocimientos pusieron en valor la riqueza patrimonial y arquitectónica de un enclave único, que es considerado una joya del Renacimiento.

Su inclusión en la ‘Ruta Europea de los Jardines Históricos’ en mayo de 2023 supuso un paso importante para incrementar la difusión de este espacio único, así como para contribuir a su mantenimiento, haciendo posible una participación responsable en la obtención de beneficios sociales, culturales y económicos. Esto permite integrar el patrimonio cultural en el tejido económico y social de Béjar, y revertir la riqueza generada tanto en la conservación y difusión del patrimonio cultural como en la creación directa e indirecta de empleo.
La conservación de este singular espacio ha animado a la Junta de Castilla y León a iniciar el procedimiento para ampliar la protección del entorno del jardín. Esta medida permitirá ampliar esa protección al parque forestal de Monte Mario, uno de los principales pulmones verdes de la ciudad de Béjar, la regadera de la Garganta del Oso y otros elementos como la explotación del Tinte de los Duques.

Botánica
El Bosque es una visita obligada para los amantes de la botánica, puesto que alberga 43 especies de árboles y arbustos, según recoge el escritor Jerónimo Rodríguez-Arias en su libro ‘Árboles y arbustos del jardín histórico-artístico’. Entre los ejemplares más importantes destaca el tejo, con más de 400 años y que está situado junto a la imponente fuente de La Sábana; la secuoya, que fue plantada hace más de 140 años y tiene una altura de 39 metros y 11 metros de perímetro; la morera, otro ejemplar centenario; o los arbustos de boj, que perdieron su condición ornamental y son especies ya de dimensiones considerables, lo que hace que sean considerados excepcionales en la provincia de Salamanca.





