La Corredera ha sido, en la tarde de este viernes, víspera del Corpus Christi y de la leyenda de los Hombres de Musgo, escenario de la segunda edición de la Mascarada Ibérica, que ha reunido a grupos procedentes de Cantabria, Portugal, Extremadura y Zamora. Como no podía ser de otra manera, los Hombres de Musgo ejercieron de anfitriones.
Los sonidos ancestrales de las mascaradas, las gamas de colores y las máscaras llenaron el centro de Béjar en el inicio de la programación del Corpus Christi.
El desfile arrancó desde el templete del parque municipal, atravesó el mercado medieval instalado en la zona y recorrió la plaza de España, donde aguardaba el público bejarano.
Los Carucheros de Sesnández (Zamora) fueron los encargados de abrir el desfile por la plaza de España. Llegados desde tierras zamoranas, los Carucheros —una mascarada de invierno que se celebra el 1 de enero y el día de Carnaval, y que ha sido recuperada del olvido hace pocos años—, vestidos con carochas de cartón y ropas llamativas, hicieron sonar sus carracas y agitaron sus tenazas para llamar la atención del público.
El Jarramplas de Piornal fue el siguiente en hacer el recorrido, tocando su tambor. Y si bien no recibió nabos, como ocurre en la festividad de San Sebastián en la localidad extremeña, sí obtuvo un gran aplauso de todos los congregados en la plaza de España.
Después fue el turno de los miembros de la mascarada de la Vijanera, procedentes de Silió (Cantabria). No faltaron personajes emblemáticos como los Zamarracos —encargados de ahuyentar los malos espíritus con el estruendo de sus campanos—, la Pepa, el Oso y su amo, el Danzarín Blanco, el Ojancano o el Trapajero.
Además, dentro de este grupo desfiló un personaje que no resultó desconocido para los bejaranos: esta mascarada cuenta con su propio “Hombre de Musgo”, aunque en Cantabria recibe el nombre de Trapajón, y la técnica de vestirse es distinta. Según explicaron a este periódico, el traje del Trapajón se confecciona cosiendo musgo natural directamente a un traje hecho con sacos, mientras que el de los Hombres de Musgo se compone de planchas de musgo sujetas con cuerdas sobre el cuerpo. Los cántabros también llevan una careta y un palo forrado de musgo. Se denomina también Trapajones a otros personajes cuyos trajes están confeccionados con elementos naturales como hiedra, paja, helechos o maíz, entre otros.
Los penúltimos del cortejo fueron los integrantes del Auto de Floripes, que representaron la danza popular de moros y cristianos que tiene lugar cada 5 de agosto en Neves, y en la que participan habitantes de los municipios de Mujães, Barroselas y Vila de Punhe, en Viana do Castelo (Portugal). Esta danza representa la lucha por el amor de un príncipe que se enamora de una joven turca.
Cerraron el desfile los Hombres de Musgo, representados por la alcaldesa de Sorihuela y diputada provincial, Nieves García, y por el periodista de La Gaceta en Béjar y Guijuelo, Tomás Barroso. Además, dos cabezudos —Don Quijote y Sancho Panza— acompañaron a este símbolo de Béjar y del Corpus.
El alcalde, Luis Francisco Martín, agradeció a todos su presencia y aseguró que los Hombres de Musgo acompañarán a los diferentes grupos en las mascaradas que se celebren en sus lugares de origen.










































