La magia de la nieve transforma el entorno en un lienzo sereno, invitando a recorrer senderos tranquilos, descubrir su conjunto histórico monumental y a disfrutar de deportes de invierno en La Covatilla.
Si bien el otoño es la estación más idílica para visitar Béjar y su entorno por la tonalidad que envuelve a sus paisajes, tiñéndolos de ocres, marrones y dorados, el invierno no se queda atrás, al transformar el paisaje en un lienzo sereno y blanco.
La llegada de la nieve tiñe de blanco las cumbres bejaranas, invitando al visitante a recorrer un entorno mágico y silencioso por los senderos tranquilos, mientras que la estación de esquí La Covatilla atrae a los amantes del deporte de invierno.
La llegada de la nieve tiñe de blanco las cumbres bejaranas, invitando al visitante a recorrer un entorno mágico y silencioso por los senderos tranquilos, mientras que la estación de esquí La Covatilla atrae a los amantes del deporte de invierno.
Béjar promete estos meses descubrir un patrimonio cultural y arquitectónico único, conectar con el entorno a través de rutas de senderismo, deportes al aire libre o propuestas culturales en su coqueto teatro Cervantes.
Por Béjar también pasó la historia. Con un casco antiguo considerado conjunto histórico artístico, la ciudad conserva vestigios importantes de su época ducal como el Palacio Ducal o Castillo de los Zúñiga, situado en el corazón de Béjar, corona la Plaza Mayor y atrae la atención de los visitantes.
Patrimonio cultural
Los historiadores fechan su origen en el siglo XII y consideran que en sus inicios fue un castillo. Entre sus muros alberga un agradable patio interior, rodeado en dos de sus lados por arcos de medio punto, donde se conservan los escudos de armas de los Zúñiga y Sotomayor. En la actualidad, el Palacio Ducal es un centro de enseñanza, pero en una de sus torres esconde un secreto: una cámara oscura. En el interior, los visitantes acceden a una pantalla reflectora que capta la luz de la oquedad superior de la torre. Mediante espejos y lentes, se proyecta una imagen panorámica de Béjar, incluyendo la estación de esquí y las piscinas de La Cerrallana, cuya definición puede ajustarse en un espacio completamente oscuro. En España tan solo existen 9 cámaras oscuras, ofreciendo al visitante una forma diferente y fascinante de contemplar el entorno, combinando historia, ciencia y vistas panorámicas únicas.

Si continuamos nuestro paseo hacia el oeste, llegaríamos al barrio de La Antigua, el más genuino de la ciudad. La iglesia de Santa María la Mayor, que fue considerada como concatedral, alberga entre sus muros historia y tradición. Era el templo de los duques y con su ábside mudéjar, fechado en el siglo XIII, constituye una verdadera joya patrimonial. Acogió en 1529 la boda del conquistador Hernán Cortés con doña Juana de Zúñiga, sobrina del I Duque de Béjar, Álvaro de Zúñiga; conserva un magnífico órgano de tubos del siglo XVIII que fue usado en numerosas ocasiones por el famoso organista José Lidón; y alberga numerosas obras de arte como un Ecce Homo recientemente restaurado por la Junta de Castilla y León y que data del siglo XVI.

Conjunto monumental
Santa María la Mayor protagoniza un conjunto monumental que completan interesantes viviendas burguesas, la Real Fábrica de Paños de Béjar con un escudo de Carlos III en su fachada o el Museo Judío David Melul, que nos permite iniciar un viaje desde la llegada de los primeros judíos a Béjar hasta nuestros días y se ubica en una casa solariega de mediados o finales del siglo XV.
A pocos metros se encuentra la iglesia más antigua de Béjar, consagrada a Santiago, hoy en día cerrada al público y convertida en Museo Sacro. Templo del siglo XII de estilo románico y construido sobre otro visigodo. Acoge una valiosa tabla de la Virgen de la Antigua, un óleo que fue expuesto en las Edades del Hombre.
Dejamos atrás la iglesia de Santiago, para llegar a las murallas medievales, que constituyen un verdadero museo al aire libre y desde donde podemos observar todo el entorno que rodea Béjar en todo su esplendor: desde el paraje de la Peña de la Cruz hasta el monte del Castañar o el Cedro Centenario.
Animados por las vistas que nos ofrece la ciudad, nos decantaremos por realizar una ruta de acceso sencillo para disfrutar de la naturaleza en pleno apogeo y llegar incluso a “pisar” nieve.

Llegando hasta el monte de El Castañar, el pulmón verde de Béjar, iniciaremos el camino con la promesa de dejar para la vuelta la visita a la plaza de toros, La Ancianita, el coso taurino más antiguo del mundo y al santuario de la Virgen del Castañar, patrona de la ciudad.
En el ascenso a la Peña de La Cruz, dejaremos a la izquierda el albergue de Llano Alto, una construcción histórica en la ciudad y que nació como un lugar destinado a colonias infantiles para convertirse después en un centro de la Sección Femenina, en un hospital de tuberculosos y que en la actualidad es un albergue. Desde Llano Alto seguiremos el camino de tierra ascendente para coronar los 1.380 metros de altitud donde está situado el mirador de la Peña de la Cruz. Un gran montículo salpicado de rocas graníticas de grandes proporciones y que crean formas sorprendentes. Si todavía continuamos con fuerza, podemos seguir nuestro paseo hasta Peña Negra, una de las cimas más emblemáticas de Béjar y que está situada a 1.663 metros de altitud. En este vértice geodésico confluyen varios términos municipales y permite divisar extensas panorámicas.

Al ascender, recorremos un camino ancho que atraviesa bosques de robles y castaños. Más arriba, aparecen pinos silvestres que, cerca de la cima, desaparecen para dejar paso a un paisaje lleno de formaciones rocosas y berrocales, testigos de la erosión sobre el granito.Esta travesía es una excelente ocasión para conectar con la naturaleza, rodeados de bosques y montañas al pie de la sierra, un entorno de gran belleza geológica y paisajística.
Llega el momento de reponer fuerzas y degustar la gastronomía bejarana. Destaca su plato típico: el Calderillo, un plato contundente y sabroso, ideal para los fríos días de montaña. A base de carne de ternera y patatas, aderezado con pimentón de la Vera y aceite de oliva, y salpicado de pimientos rojos, guisantes, cebolla y laurel, se cocina un guiso tradicional, al que Béjar rinde pleitesía cada primer domingo de agosto en el Día del Calderillo.
Las manteladas son otro de los productos típicos del invierno. Un panecillo de anís que se consume por San Antón, relleno de chorizo y que se degusta con amigos y familiares.
Un buen destino para degustar estas manteladas podría ser el entorno del cedro centenario, situado en la finca de La Francesa, que debe su nombre a la esposa de Monsieur Papau, el ingeniero francés encargado de las obras del ferrocarril en el municipio y que se alojó en una vivienda situada allí.
Si el andarín dispone de tiempo, puede recorrerse la ruta de Los Miradores, el de los Galindos o el de los Navarejos, y terminar en el área recreativa de la Fuente del Lobo.
La jornada finalizará asistiendo a una de las obras programadas en el teatro Cervantes de Béjar. Inaugurado el 23 de septiembre de 1857, es uno de los teatros más antiguos de España. Construido en estilo isabelino, tiene capacidad para albergar a 500 espectadores en sus diversas dependencias. La sociedad recreativa “El Círculo de Béjar” impulsó y financió el proyecto, adquiriendo el terreno el 24 de julio de 1857.





